REALIDAD JUVENIL Y EMOCIONES
//by Damelys María Martínez Rosillo
Ser joven en la actualidad del siglo XXI es vivir extremadamente en la vanguardia del conocimiento porque cada día la sociedad mundial lanza invenciones en las que se debe estar pendiente para recibir todo lo que es de buen nombre, de excelente proceder, valores de justicia, equidad, de comportamientos exigentes, desechando y apartando todo aquello que vaya en contra de los principios y valores humanos- cristianos que favorecen un estilo de vida saludable para formar percepciones y estímulos que conlleven a la salubridad de las emociones.
Por un lado, a veces, cuando se visita un lugar público, se observa personas con expresiones grotescas, groserías y pare usted de contar. Los caballeros al hablar, no se dan cuenta si hay niños, niñas, jóvenes o mujeres a su alrededor, sueltan sus tremendas vulgaridades y las personas que están allí, se la tienen que calar, y los oyentes se miran entre sí, sin poder decir absolutamente nada, porque si se reclama o se le dice algo, se alteran y sus emociones salen a flote.
Por otro lado, se explica, que esas expresiones y mal proceder de las personas, hay que irlas quitando y pedir al Señor Jesús, que limpie el vocabulario, para que Papá Dios haga la tarea, porque todo lo que pidamos a Él, sea en el nombre más bello de todos los nombres, JESÚS. A fin, de darle buenos modales y ejemplos a los jóvenes para que su comportamiento mejore día a día.
En otro orden de ideas, se explica que las expresiones de buen proceder y nombre bendicen a las personas, por eso, se debe guiar a los jóvenes al pleno control de sus emociones para que sus expresiones corporales y linguísticas le ayuden en su educación.
Asimismo, es relevante que lean buenos libros para mejorar y acrecentar su vocabulario, del mismo modo, mostrar una buena conducta con sus obras en sabia mansedunbre. Sólo así se podrán preparar para enfrentar los retos de una sociedad que prepare personas para asumir el pleno control de sus emociones, a través de la formación de una personalidad juvenil tendiente a evitar los celos, amarguras, mentiras, y para ello, se debe exigir a los líderes que muestren actitudes sanas y provechosas, con sabiduría proveniente de lo alto, sabiduría buena, para enmendar los errores cometidos y cada día ser mejores personas para tener una sociedad más justa y equilibrada.
Finalmente, las personas adultas del presente siglo, tienen que sentar un excelente precedente, a fin de, convertirse en modelos apropiados para una juventud sencilla y capaz de reconocer sus errores y reivindicarlos con humildad. Una esperanza de vida para que aprendan cada día retos y desafíos para ser mejores, con una personalidad pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia, y de buenos frutos sin incertidumbres ni hipocresía. (Santiago, 3: 17)