EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD (II Parte)
By//Damelys María Martínez Rosillo
En el
Principio, Dios es el Verbo, y el Verbo nace en Jesús, cuando vino al mundo
para enseñarnos qué hay otro mundo, un mundo donde todo es posible para los que
creemos en el Santo de Israel. Un mundo de valores espirituales basados en el
conocimiento de su palabra, su basamento es el amor.
Cabe destacar, que Jesús es el Verbo de vida,
es el camino al amor, es la puerta abierta para el encuentro con Dios, por lo
tanto, para conocer la verdad hay que leer la palabra, enfocarse en ella. Buscando
cada día tener una mente y un corazón aprobados por Dios, en primer lugar, una
mente sana expresa pensamientos de gratitud, de amor, de gozo, benevolencia,
bondad, benignidad, paciencia, fe, sobreabundancia de bendiciones y en segundo
lugar, mantener un corazón lleno de amor porque de él brota la vida, “Sobre
toda cosa guardada guarda tu corazón, porque de él mana la vida” Proverbios
4:23
En otras
palabras, que el espíritu de Dios, guíe nuestro caminar para llevar "un
estilo de vida" completamente sano, apegado a su santa voluntad. La verdad está
expuesta a la luz, en Jesús. El Espíritu Santo lo recibió el Señor
al ser bautizado por Juan, pero ya Dios le había equipado con una personalidad
extraordinaria, sabia, diligente, que nadie tenía en esa época, Jesús tenía un
corazón y una mente aprobada por Dios para deshacer la maldad de su época.
Asimismo, el propio Dios, se encarnó en la vida del
Santo de Israel. Jesús, vivía en medio de barcas, sabía nadar y nadaba mucho,
caminaba, trotaba para recorrer la geografía de su nación, y para poder llevar
una vida como la que él tenía, debía alimentarse muy bien, para poder expresar
sus ideas coherentemente y ser un reflejo de Dios, porque él y Dios uno son, su
primera alimentación consistía en la Palabra que su Padre le regalaba cada día
al despuntar el alba, la segunda, su alimentación física, seguía la dieta de su
pueblo, ambas equilibraban su forma de ser.
Por otra parte, al llegar a los caminos del Señor, nos
sumerge en su Reino Mesiánico, por eso se produce una revolución en nuestra
vida y mente. Nos saca de un mundo de anti valores, y nos lleva al mundo de su
Gracia. Se genera un proceso maravilloso que hay que comprender y aceptar
porque Dios trabaja nuestro espíritu, alma y cuerpo para unirnos a él y ser cada
día más un reflejo de su inmenso amor. Abre las puertas al mejor de los reinos,
un reino en el que su principal ingrediente es amar.
En primer lugar, que ese modo de
vivir en plenitud, debe basarse en el amor porque Dios es amor. Y él nos enseña
a amar nuestro yo interior basado en su Palabra, la sana doctrina de la
santidad para poder reflejar su rostro en mí. En segundo lugar, eso implica,
una sana inteligencia que conlleva a elegir una equilibrada alimentación,
practicar algún deporte, disfrutar de esos bellos regalos naturales que el gran
Dios de Israel nos ofrece a diario.
Por último, una vida en su intimidad, en rendición
a él, en la meditación de sus hechos constantemente, hace que florezcamos en
armonía en él y para él.