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viernes, 11 de abril de 2014

LA VIDA QUE LE AGRADA A DIOS. by//Damelys María Martínez Rosillo

El Orden en la vida

by//Damelys María Martínez Rosillo


El orden es un factor importante en la vida del ser humano. Sobretodo, el orden mental, acción prioritaria para vivir en paz y en armonía para llevar una vida saludable.

Aprendí a lo largo de mi trayectoria como profesional desempeñando un cargo de relevancia, que la vida es mejor cuando todo está en orden, el orden se manifiesta en la paz interior que llevas para accionar y acomodar tu vida y sus hechos a una forma de vida superior.

Aprendí en mi proceso como esposa y madre que la vida conyugal y familiar, el orden debe estar en una de las opciones prioritarias para desempeñar la interacción personal e intrafamiliar lo que genera una vida más fructífera y acomodada a las circunstancias.

En otras líneas, como mujer cristiana, he aprendido que el orden es fundamental para Dios, para poder actuar en tu vida y acomodarla. A la par, enseña en su Palabra que una vida desordenada no es agradable para él, por tanto, toda mujer que desee triunfar en la vida debe ser ordenada.

Así que, empecemos a trazarnos metas cortas, para ir mejorando la vida con disciplina, a fin de que podamos entender cuáles acciones tomar, cuando el orden en la vida se rompe, se entra en un schok que nos enfrenta al caos desesperado, la vida se vuelve una locura, todo está en desorden, por ejemplo cuando, tenemos una vida confortable al lado de personas amadas, y de repente, una de esas personas se marcha para siempre, enfrentar ese momento es de valientes, es darte cuenta que la zona de confort se perdió, que todos los sueños que tenías al lado de ese ser, se fueron volando, quedaron entretejidos y colgados en un closet que no deseas abrir porque allí encontrarás muchos momentos mágicos compartidos con esa persona, al ver sus objetos personales que quedaron allí, objetos que tenían un dueño con nombre y apellido, pero que ya no es dueño. 

Se desprende un dolor que no sabes donde duele, si en el alma, si en la vida, si en el vacío que queda, no sabes lo que sucede, por eso me referí a ser valiente, así como un día David se enfrentó a Goliat, un inmenso gigante filisteo, sabes que tienes que asumir nuevamente la vida, pero vas postergando todo y no sabes que hacer, porque quedas en el viento que desordena tu peinado, en el rimel que se corre porque se sale fuera de lugar de tanto enjugar lágrimas que parecen perlas por las gotas tan grandes que brotan y los lagrimales se limpian para poder ver en medio de los espejuelos.

Comprendes que ya no hay zona de confort, y del otro lado, ya no está esa persona que te acompañaba a las caminatas, a oir una canción cuya nota musical fluía ordenamente, que los planes conjuntos ya no se pueden hacer, se rompieron como hojas secas, las flores del jardín, un día sembradas se perdieron de tanto dolor.

Entonces, hay una sola repuesta para volver la mirada y pensar encontrarte con el nombre de esa persona escrita en una lápida, es demasiado doloroso, pero igual, tienes que enfrentar la realidad y seguir adelante acompañada de la mano de quien ayudó a David a derrotar al filisteo.

Y queda tu mirada en un recuerdo. En una risa que ya no es risa, en una canción que ya no es canción. En un amor que ya no es amor. En un vacío que sólo es vacío. En un color que te da igual si es rojo o verde.

Sientes que ya no eres la misma persona que un día reías con soltura, que detrás de esa mirada que pestaña hay miles de vivencias encontradas y el amor que renuevas cada día, al leer al único que te puede sostener, a Dios, ese Dios que no ves, pero sabes que te deja un poco de desorden en tu vida para luego, ir enderezándola poco a poco. Y allí, en lo más recóndito de tu ser hay una esperanza tenue que inicia titilando el cambio de los vientos favorables que vendrán a tu vida, luego de ese gran dolor que no sabes que nombre colocarle.

Por último, queda tu vida rodeada de los que quedan y por los que tienes que ayudar a dar ánimos para no dejarse arrastrar por ese mismo dolor compartido y juntos, asidos de la mano, poner en orden el caos vivencial.



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