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miércoles, 20 de enero de 2016

LOS HIJOS E HIJAS DE DIOS LLAMADOS PARA HACER EL BIEN. by/ Damelys María Martínez Rosillo

Los hijos e hijas de Dios llamados a hacer el bien (20-01-16)
by// Damelys María Martínez Rosillo

El término bien, es una palabra abstracta que solo  la vemos cuando se practica. Para hacer el bien sin remordimientos, tenemos que pasar por un proceso que conlleva mucha dedicación, nace al leer las Escrituras. Al recibir a JESÚS, se inicia la conversión necesaria para reproducirlo y perpetuarlo en nuestra vida, es vivir con él desde dentro hacia fuera, cimentado en el ser íntimo, en el yo interior, en el corazón, en los pensamientos.

En otras palabras, Dios, su Hijo, Jesús, y la guía del Espíritu Santo representan el bien, y hacia ellos nos dirige nuestro Padre Celestial, cuando caminamos y habitamos en la morada del Omnipotente, bajo su obediencia, y al resguardo de sus alas. Salmo 91:1

Cabe destacar, que es necesario que recapitulemos nuestra vida y hagamos el bien, no desde el concepto del hombre, sino desde el concepto de Dios. En primer lugar, el bien desde la óptica del hombre, a la hechura humana siempre intercede la subjetividad, en segundo lugar, el bien desde la hechura de Dios, es una definición de la totalidad del universo, en su definición de bien, da amor a todos por igual, aun a los más lejanos a Él, no hace excepción de personas.

“Y le enviaron los discípulos de ellos junto con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.”  Mateo 22: 16

En esta visión del bien, Jesús demuestra con sus hechos que a Él, poco le importa la apariencia del hombre, sino su interior, lo mejor que tiene cada quien.

Dios creó el bien para fortalecernos y darnos lo mejor, vivir en sus condiciones maravillosas de amor, de grandiosidad, porque para él el concepto de pobreza no existe, practica su Sabiduría Divina, el poder del Reino. Ejemplo de ello, lo observamos en el Génesis, cuando llama a Abraham, y le entrega una Promesa de Prosperidad, en todo el sentido de la palabra, luego a Isaac, cuando hubo hambre por segunda vez en la tierra, lo prosperó en Gerar, pueblo de los filisteos, salió de allí rico y poderoso por sus propios esfuerzos, con su trabajo de ganadero y agricultor, faenas bastantes duras en zonas desérticas, al mismo tiempo, le proveyó agua sobreabundante. Génesis 20-21- 26.

Es perentorio señalar, que Dios enseña a Abraham por primera vez, a creer, Iniciando con la fe, don de Dios, nuestro Padre Celestial, lo saca de la idolatría, de Caldea, y lo hace su hijo, porque en él, serán bendecidas todas las familias de la tierra. Se convirtió, entonces Abraham en el hijo predilecto de Dios, porque en todo le hizo caso. Abraham no tenía hijos, su mujer Sara era estéril, y Dios demuestra que es Dios, de milagros, le da varios hijos, con sus concubinas, con su propia esposa, con su segunda esposa Cetura, al quedar viudo.

Demuestra con sus hechos que Dios es Dios, nuestro Proveedor, Ayudador, Grande, Sanador, Protector, Sabio, Fuerte, Omnisciente, Omnipresente, entre otros, porque conforma el Todo.

Asimismo, nos regala la vida, para que la cuidemos y no perdamos el tiempo en vanidades. En la Biblia vemos el ejemplo real de Salomón, cuando escribió los Proverbios, y Eclesiastés, libros que plantean consejos a la vida cotidiana, el primero a los principios éticos y morales, “el deber ser” de una sociedad más justa y equilibrada, el segundo, una visión de persona que ha vivido diferentes etapas en su vida, y al final de su vida dice que la vida es vanidad, plantea, la vida opulenta de un rey, que lo ha tenido todo, lo que un hombre puede ambicionar, pero en su interioridad está insatisfecho, buscando su felicidad, usa la pregunta como un medio para lograr sus objetivos, y plantea su verdad, una visión de predicador que aconseja al ser humano para que deje de lado la opulencia y se dedique más a cultivar la felicidad interior.

En este orden de ideas, al ver los resultados como respuestas en la realización personal, al desarrollarnos en el quehacer cultural, psicológico, y en otras facetas de nuestra personalidad, observamos que para vivir haciendo el bien, lo tenemos que hacer a nosotros mismos, amarnos, y respetarnos nuestro cuerpo, aprovechando bien el tiempo, amando el bien que Dios, a través de Jesús, nos otorga.

Finalmente, es necesario llenarnos de bien, de todo lo bueno que nos enseña Jesús, para poder comprender bien el propósito que Dios nos ha otorgado, compartir conmigo misma, compartir con los que convivo, compartir con los demás, sobremanera, compartir con nuestro Señor Jesús, Él que nos llama cada día para hacernos bien, hablemos la verdad con nuestros semejantes y evitemos malos entendidos.

Antes bien, desechemos toda envidia, malicia, malas palabras, impurezas, deshonestidad, y los antivalores que se convierten en moda. Actuemos como hijos de Dios, busquemos parecernos a Él, demos el ejemplo, y Dios hará milagros en nosotros.
¡Gloria a Dios!



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